El fuego que no se extingue
Llorando su muerte, ella rodeaba las cenizas, inyectándole calor, protegiéndolo del olvido. Luchó durante horas.
-Vive de nuevo. Te quiero.
Chispas tímidas comenzaron a brotar del cadáver. Jubilosa, ella las besaba.
Sorprendido por su propia resurección, el Fénix abrió sus alas, llenándolas de nueva sangre. A sus pies yacía una infeliz luciérnaga, muerta de amor.



1 comentarios:
Un fantastico minirelato y cada vez con una calidad que supera los pasados...cada vez pones el liston mas alto, Ilargian :)
Es un placer leerte :) como siempre :)
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