Saltando en la noche
Los coches saltaban inquietos, a medianoche en la playa, saltaban y saltaban con las ventanas empañadas, una mezcla de aliento y vapores íntimos; el bramar de las olas acallaban los quejidos de amantes enloquecidos con su sexo desbocado. Era una hermosa noche, para un desesperado final. Al día siguiente, el mar se encargó de… devolverlos.



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