
Los pequeños seres corrían dando traspiés por la acera. Sus bolsas crujiendo suplicando un dulce festín que no llegaba.
El hombre seguía tras ellos vestido de negro, ocultándose, intentando no ser visto.
Hastiada una voz surge del fantasma e implora al espectro:
-“¡Tu padre nos esta arruinando Halloween!”
–“¿Mi padre? ¡Creía que era el tuyo!”
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