-Papá, ya no me sientan bien las
fiestas, ni el botellón, ni trasnochar. ¿Qué pasa?
-Cosas de la edad, hijo. Te haces
viejo. Son casi las doce de la noche. En nada te sentarás en una
terraza con el café y el periódico.
El señor Domingo sonrió, mientras su
hijo Sábado luchaba contra la resaca.